cuidados feroces
pequeños actos de ternura salvaje que combaten mi idea de que el mundo es un lugar hostil
Estoy cansada de la versión blanqueada de los cuidados. Esa palabra que últimamente se tira por doquier. En políticas públicas, en teorías feministas y en mi algoritmo de instagram.
Cuando se les menciona, vienen siempre rodeados de verbos como alimentar, sostener, bañar, limpiar, cocinar y nutrir. Una se cuida en la intimidad de su habitación, poniéndose tal o cual mascarilla y esperando los veinte minutos reglamentarios.
Como si los cuidados no fueran algo que sucede en la esfera de lo público, como si no estuvieran sosteniendo la vida en común.
En esta cultura occidental nos hemos esforzado por dibujar una imagen del cuidado como algo inocuo, pasivo y femenino.
Los cuidados no son pulcros ni domesticados. A este imaginario le hace falta haber observado a una madre para entender que también están llenos de disciplina, palabras apresuradas y peleas.
Los cuidados también son feroces; se necesita un agarre fuerte para querer sostener la vida en este mundo.
Es el instinto que todos los días nos permite preservar la vida. La voluntad feroz de proteger la vida, y no, no siempre protegerla de la muerte. Protegerla del aislamiento, del sufrimiento.
Los cuidados encarnan todo eso que nos hemos esforzado por separar en dualidades. Masculino y femenino, civilizado y salvaje. Están llenos de ternura, pero también están llenos de agresividad y firmeza al servicio de la vida.
Un balance extraño que se parece más a un estambre enredado que a las dualidades en las que nos hemos separado la vida.
Entre la capacidad de enternecerse y ser feroz, ahí se sostiene la vida.
¿Y si los entendiéramos como la misma cosa y no como extremos distintos?


La ternura no es solo un sentimiento íntimo,
es una forma de organizar la vida en común.
-Restrepo “El derecho a la ternura”
La ternura salvaje, ese instinto evolutivo que nos ha permitido conectar y cuidar, no debería estar relegada a nuestras habitaciones con las luces apagadas, o a los bebés rollizos.
Deberíamos dejar que invadiera las reuniones con agenda y los despidos. Hoy la busco en todas partes, esos segundos donde los humanos nos permitimos enternecernos en público.
Hace unos días en televisión internacional, un jugador le daba un besito en la nuca a su oponente que minutos antes había empujado por la cancha. Y ese instante fue lo que más recordaré del partido. Incluso en esa danza salvaje a la que nos lleva la competencia, hay espacio para la ternura.
De vez en cuando regreso a La elegancia del erizo, y pienso más de la cuenta en el diario que llevaba Paloma, el cuaderno donde registraba instantes de belleza efímera. Y estoy cada vez más convencida de que todas necesitamos llevar una, no para combatir los instintos suicidas como Paloma, sino para recordarnos que la ternura y los cuidados están ahí presentes todos los días, a cada paso que damos.
Una noche de viaje en carretera decidí hacer una lista de todas aquellas pequeñas y grandes cosas que combaten mi idea de que este mundo es un lugar peligroso y hostil. Hace unos días volví a leerla y me di cuenta de que todos estos instantes estaban impregnados de gente cuidando y dejándose ser cuidada.
Aquí está mi lista, te la regalo, para que tomes de ella lo que quieras y construyas la tuya propia. En un mundo como este, todas necesitamos un recordatorio de que hay una vida que vale la pena cuidar y defender.
Cuando los coches se hacen a un lado para dejar pasar a una ambulancia
Los peregrinos de la Virgen de Guadalupe
Cantar juntos, donde sea, con quien sea (conciertos, trabajando, en la iglesia, etc.)
Las pláticas profundas con desconocidos
La sensación de picarse con un libro
Reírse con alguien
La gente cuando habla de su fe, sea cual sea.
Los reencuentros de los familiares en aeropuertos
El reencuentro de las familias de inmigrantes, viajando por primera vez para verlos después de muchos años
Llegar a mi casa después de un viaje
Que las madres de plaza de mayo tengan switch
Este mundo que lleva tiempo desmoronándose necesita cuidados feroces. Necesita que quienes lo habitamos tengamos la capacidad de enternecernos, pero también la capacidad de gritar, reclamar y construir.


Me encanta que hayas mencionado el libro de la elegancia del erizo <3 una práctica muy bella esa de notar y anotar las pequeñas grandes cosas y momentos que nos rodean!
Me ha gustado mucho! Nunca lo había visto de esa forma, y creo que es muy importante visualizarlo. Ayuda a pensar de otra forma. Gracias por compartirlo, te seguiré leyendo, te ganaste un suscriptor 🤗